Italia como indicador adelantado: el 15M en el Parlamento

La política italiana es un indicador adelantado de lo que luego acaba sucediendo en el resto de Europa. Así fue[…]

La política italiana es un indicador adelantado de lo que luego acaba sucediendo en el resto de Europa. Así fue en el siglo XX en numerosas ocasiones. Y lo puede ser también en el siglo XXI. La primera vez ocurrió en 1922, cuando Benito Mussolini se convirtió en el primer ministro italiano, nombrado por el rey Víctor Manuel III. Sucedió antes en Italia que en España. No debemos olvidar que el rey Alfonso XIII, en 1923, hizo algo similar cuando apoyó que Miguel Primo de Rivera formara gobierno después de dar un golpe de Estado. Pero, sí, fue Mussolini quien inauguró el fascismo en Europa.

Después, Italia encarnó como nadie el pacto tácito tras la Segunda Guerra Mundial: la democracia cristiana, siempre en el poder hasta los años 70, tuvo como contrapeso al Partido Comunista Italiano. Con ese "enemigo" enfrente, los conservadores no tuvieron otro remedio que hacer política socialdemócrata.

Es posible, incluso, que el hundimiento del partido socialista italiano por sus divisiones internas fuera premonitorio de lo que les ha acabado sucediendo a sus correligionarios en Grecia y en España. El PCI les adelantó por la izquierda; en Grecia, Syriza; y en España, quién sabe si algún día lo hará Izquierda Unida.

Pero en Italia no sólo colapsó el Partido Socialista, también lo hizo la Democracia Cristiana. Fue ya en los años noventa. Como consecuencia de uno de los mayores escándalos de corrupción habidos en el continente, en el que estaban implicados los principales partidos políticos del momento y, también, diversos grupos empresariales e industriales. Fue ese hundimiento el que dio lugar al nacimiento y éxito de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, además de otros parafascistas, como la Liga Norte, su tradicional aliado.

Después de Berlusconi y Umberto Bossi, en algún país europeo (Francia, Austria, Holanda o Finlandia), cosecharon cierto éxito los partidos de derecha extrema, si bien en ninguno de ellos surgió una figura política similar a la de "il Cavaliere", un "producto" eminentemente italiano.

Las últimas elecciones han demostrado que en los momentos de crisis política (patrocinada, de nuevo, por el propio sistema, al renunciar a la democracia en pos del "orden" impuesto por un tecnócrata, Mario Monti), Berlusconi vuelve a hacerse fuerte. Pero no sólo él trata de sacar partido del descontento. También una figura emergente, el cómico Beppe Grillo, y su Movimiento Cinco Estrellas, el equivalente a nuestro 15M. Aunque, en el caso de Grillo, no deberíamos decir "sacar partido", sino "canalizar". Grillo canaliza el descontento. 

Italia avisó de la llegada del fascismo hace cien años y puede adelantar la llegada de una nueva forma de hacer política. El Movimiento Cinco Estrellas no ha nacido hoy. Nació en 2009 y en 2010 ya logró representantes tras las elecciones regionales. Y en 2012, también tras las locales. Y ahora llega al Parlamento, seguramente que con un porcentaje nada desdeñable. Puede ser hasta el segundo partido más votado. Poco a poco, como una lluvia fina, su mensaje está comenzando a calar en las mentes italianas. El acto de fin de campaña en Roma lo escenificó perfectamente. Beppe Grillo no es ni el populismo ni la antipolítica, aunque se refiera a sus contrincantes con el cariñoso apelativo de "la casta". La que defiende es la política con mayúsculas, ajena al márketing y vanguardia de lo que debe ser la democracia del futuro: participativa, directa, decrecentista, verde, electrónica, horizontal... Contra él, como contra Alexis Tsipras, el discurso del miedo, de quienes se sienten cómodos con el "statu quo", porque les sigue sirviendo, aunque esté enfermo, moribundo. 

Con un Grillo fuerte, con un Beppe decisivo para crear Gobierno, los mercados sufrirán. Está claro. Los grandes inversores prefieren que sea Monti quien capitanee el país y que, a su lado, Bersani, el líder del Partido Democrático, sea un pelele que sirva sólo para legitimar el Gobierno. Con la tranquilidad con la que se han levantado hoy tanto la renta fija como la renta variable, los inversores descuentan que ése será el Gobierno resultante. El voto oculto se concentra en las filas de Monti. Es el voto de la gente de orden, incluso más que el voto a Bersani que, al fin y al cabo, es un ex comunista. Tanto Berlusconi como Grillo son lo desconocido. Y lo desconocido es lo que da más miedo. 

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Pero Italia, Europa, necesitan un cambio. En nuestra mano está escoger entre un Silvio Berlusconi o un Beppe Grillo.

Si tras las elecciones griegas de la pasada primavera dijimos que el triunfo de Syriza sería una buena noticia para España, en esta ocasión decimos que un buen resultado para el Movimiento Cinco Estrellas transmite muy buenas vibraciones sobre la futura regeneración de la política europea y sobre la democracia necesaria. Quizás ahora, con Beppe Grillo llegando alto, el cantautor Giorgio Gaber quizás se sienta un poco más italiano. 

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