Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos

Y, quizá, cuando lo leamos, no nos reconozcamos en el capítulo de la historia que escribimos durante las tres o[…]

Y, quizá, cuando lo leamos, no nos reconozcamos en el capítulo de la historia que escribimos durante las tres o cuatro últimas décadas. Ésta es la peor manera de profanar un verso del poeta Pablo Neruda. Pero ilustra muy bien lo que dicen algunos economistas: costará mucho que las economías vuelvan a crecer a los ritmos a los que nos tenían acostumbrados; es posible que el mundo no vuelva a vivir otro periodo de tanta bonanza, de tanta desmesura que se ha demudado en perversión.

 

La economía atraviesa un periodo triste, pero a la manera de Rilke: esta tristeza no es paralizante, sino que reconsidera, reconstruye y reinventa. Todo, el modelo mismo, está en cuestión. Es el momento de poner en marcha otra cosa. ¿Quién representa el cambio? Todos, que ya no somos los de antes: ¿O no percibimos que ahora nos pensamos un poco mejor las cosas antes de tirar de la Visa? ¿No observamos que los bancos están cambiando su mentalidad y ahora vuelven a conceder hipotecas a la antigua usanza? Y los Gobiernos, ¿no están dispuestos a intervenir, a olvidar sus antiguos y estúpidos escrúpulos, a dirigir a la economía por el camino del mercado bueno? ¿Y si con estos factores creamos un modelo sin 'burbujas' perversas que, sí, generan unos cuantos años de ganancias estratosféricas entre unos pocos y migajas a veces sustanciosas para los demás, pero conllevan, cuando estallan, tragedias personales como las que se derivan de los cerca de cuatro millones de parados que hay ya en España?

Ejemplos de la desmesura. El del mercado de la vivienda es palmario: en la actualidad, en España hay 1,5 millones de viviendas nuevas en stock. Si le sumamos los pisos usados y vacíos, esta cifra más que se duplicaría. Pero hay más casos paradigmáticos: estos días se celebra en Madrid Motortec, una feria internacional dedicada a los equipos y componentes de la automoción. Uno de sus participantes, responsable de una gran empresa de Bolonia, ciudad famosa por sus fábricas de automóviles de lujo, me decía que es lógica la crisis que sufre el sector: "La proporción de la sobreproducción era la siguiente: se fabricaban cinco millones de coches cuando el mundo únicamente necesitaba tres millones". "Lo malo es que el consumismo feroz y voraz los absorbía y los bancos lo financiaban un poco mirando a otro lado", añadía este ejecutivo. Y con esto, como con todo.

En definitiva: la economía se ha estirado en exceso. Ahora toca el periodo de encogimiento. Es doloroso. Procuremos que no se vuelva a dar de sí.

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