Falta audacia

A los mercados no les ha gustado nada el nuevo plan financiero presentado por el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy[…]

A los mercados no les ha gustado nada el nuevo plan financiero presentado por el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner. La razón fundamental de las pérdidas de las bolsas está en la gran incertidumbre que suscita, debido a su tremenda complejidad. Ni el último Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, lo ha sabido desentrañar del todo. Tiene la sensación de que el Tesoro ha hecho una oferta que no podemos comprender. Al menos, de momento.

Una somera lectura de lo que han publicado los periódicos sobre el Plan Geithner hace pensar que no son demasiados los cambios con respecto al Plan Paulson: lo que pretenden es seguir extirpando los activos tóxicos de los balances de los bancos. Nada nuevo bajo el sol. ¿O sí? Parece que sí. La Administración se reserva el derecho de vigilar la política de dividendos, de aquisiciones y de remuneración de los altos ejecutivos de las entidades que reciban ayudas. Además, el "Bad Bank" que se constituya tras la adquisición de los activos tóxicos también tendrá capital privado. Los nuevos inquilinos de la Casa Blanca quieren que el sector privado se implique en el rescate de la banca. Que asuman las consecuencias de lo que han hecho. Que pidan perdón públicamente, como lo han hecho los presidentes de los bancos británicos, es un gesto, pero sólo eso.

Lo bueno de verdad en el programa de rescate de Geithner no excluye inyecciones de capital en la banca y que ésas se conviertan en nacionalizaciones parciales de las entidades americanas. Precisamente, estos cambios, estas innovaciones, son las que provocan que a Krugman, por ejemplo, este plan le guste más que el de Paulson. Pero, según este mismo economista reconoce, la interpretación que le hace pensar que este programa puede ser más justo y más eficaz no tiene porqué ser la correcta. Él, como las Bolsas, necesita que Geithner dé más detalles.

La nueva Administración demócrata podía haber sido más audaz. Podía haber planteado, directamente, inyecciones de capital público en forma de nacionalizaciones parciales y haberse evitado estas piruetas que generan tanta incertidumbre y desasosiego. Pero la valentía sale muy cara, sobre todo sabiendo a quiénes se enfrentan los demócratas: la inmensa mayoría de los republicanos se han opuesto al plan de estímulo económico de Obama, aunque éste hiciera esfuerzos múltiples en forma de rebajas de impuestos y renuncias en lo que a gasto social se refiere por conseguir su apoyo. El nuevo Tesoro norteamericano parece atemorizado: si el Plan Paulson, aún menos agresivo, tardó tanto en ser aprobado por las Cámaras... ¿cuánto tardará en ponerse en marcha éste?

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