El peligro de la inflación

Todas las recesiones terminan con fuertes inflaciones. ¿Será distinto en esta ocasión? Parece que no. Nunca antes en la historia[…]

Todas las recesiones terminan con fuertes inflaciones. ¿Será distinto en esta ocasión? Parece que no. Nunca antes en la historia los Estados y los bancos centrales habían puesto tanto dinero en el sistema para evitar la caída en depresión. Y esas ingentes dosis de liquidez tienen que estallar por algún lado. Pero, en sus primeras fases, el repunte de la inflación hay que interpretarla como un síntoma de que la economía evoluciona favorablemente: implica que la maquinaria vuelve a funcionar. Además, tendría un buen efecto secundario: la subida de los precios sería un buen aliado contra el elevado endeudamiento público, dado que, por el mero efecto de la inflación, la deuda se aminoraría.

 

¿Debemos interpretar así los últimos datos de inflación que hemos conocido en Europa? Son las cifras preliminares del mes de marzo y, en todos los casos, han superado las expectativas de los analistas, es decir, los precios están subiendo más de lo esperado. Pero que no se alarme nadie: las cifras siguen siendo más que discretas. En España, la inflación se ha situado en el 1,4% interanual, tres décimas por encima de lo anticipado por los economistas. En la zona euro, el IPC subió un 1,5%, cuando el consenso de expertos consultado por Bloomberg había estimado un avance del 1,1%. Estos datos contrastan con la inflación registrada el mes anterior y que apenas se situaba en el 0,9% tanto en la Unión Monetaria como en nuestro país.

 

¿El último repunte es, pues, síntoma del aumento de la actividad económica? Sí, y no. Los analistas han atribuido este repunte de los precios al encarecimiento de la energía y de las materias primas: la economía se recupera, pero, en Europa, no lo suficiente como para que suban los precios. Así, podemos tomar referencias como la de las ventas minoristas en Alemania o en España, donde continúan cayendo. Y más llamativo todavía: en la economía doméstica, los alimentos sólo han conseguido estabilizarse. El avance de los precios de los combustibles y del acero, principalmente, están ligados a los países emergentes, que ya están mostrando explosivas cifras de crecimiento y que se ven obligados a hacer uso de la política monetaria porque allí la inflación sí ha empezado a ser un problema.

 

Los economistas del Instituto Flores de Lemus, de la Universidad Carlos III de Madrid, explican que la tasa anual de inflación para los productos energéticos alcanzará su máximo entre abril y mayo, para empezar a continuación un paulatino descenso. Pero existe un riesgo: que el euro siga depreciándose frente al dólar, lo que ello continuará teniendo como consecuencia el aumento de los precios energéticos para los países del euro, dado que cotizan en la divisa americana.

 

En todo caso, como explica Vincent Treulet, jefe de estrategia de BNP Paribas, la inflación no es un riesgo para Europa. Tampoco para Estados Unidos. Al menos para los dos próximos años. Las modestas cifras de crecimiento y las elevadas tasas de desempleo que se esperan para ambas áreas económicas en 2010 y 2011 son incompatibles con subidas de precios. Por tanto, la política monetaria no será un riesgo para los inversores en estos dos años.

 

Pero este economista francés añade consideraciones interesantes con un horizonte temporal más largo. Explica que en los treinta últimos años, periodo en el que tanto éxito se ha tenido en la lucha contra la inflación por factores como la globalización, la creación de uniones monetarias y las propias políticas de los bancos centrales, son difícilmente repetibles en el futuro. A su juicio, en un plazo de cinco, todos los elementos que han permitido que los precios no suban demasiado van ir desapareciendo. En primer lugar, Treulet argumenta que las autoridades van a ser más tolerantes con la inflación, por los problemas de endeudamiento público. Y otro fenómeno importante: durante el último ciclo alcista, las compañías fueron capaces de hinchar sus beneficios a expensas de los bajos salarios. En las tartas de las riquezas nacionales, el peso de los salarios ha ido perdiendo terreno. Los trabajadores mantenían sus elevados niveles de consumo endeudándose, a expensas de la facilidad del crédito. A partir de ahora, con los mayores requerimientos de reservas y capital a los que se tendrán que enfrentar los bancos, no será tan sencillo conseguir préstamos y, por tanto, no será tan fácil que los trabajadores mantengan sus antiguos estándares de vida. Por tanto, este economista concluye que, en los próximos años, habrá más presión social para que suban los salarios. Y ése es el verdadero peligro inflacionista. Pero a largo plazo.

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