Quiebra desordenada de Grecia: todavía, no
El primer ministro griego, Yorgos Papandreou, ha anunciado someter a referéndum el programa de rescate que ha pactado con Europa,[…]
El primer ministro griego, Yorgos Papandreou, ha anunciado someter a referéndum el programa de rescate que ha pactado con Europa, es decir, una inyección de 130.000 millones de euros que se reparten entre los 30.000 millones para el canje de la deuda, otros 30.000 para recapitalizar la banca y 70.000 para financiar el déficit. El canje de la deuda, es decir, la operación financiera de la que se deriva la condonación, la quita del 50% se realizaría, de acuerdo con las primeras filtraciones tal que así: por cada 100 euros de deuda, Grecia pagaría 15 en efectivo financiados por el fondo de estabilidad del euro (EFSF) y 35 mediante el canje por un bono a treinta años no colateralizado, es decir, garantizado por el propio Estado griego.
Y todo esto no es gratis. Grecia ha tenido que pagar muy caro con medidas draconianas de austeridad que han llevado a un país tranquilo a convocar seis huelgas generales este año, que siguen a otras tantas en 2010. Porque Grecia comenzó a ser el año pasado el campo de pruebas de un capitalismo renovado y más feroz que va extendiéndose en Europa, con la tibia oposición de algunos, como el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, o más beligerante, como la de Joseph Stiglitz, que opina que la austeridad condena al mundo a la recesión y a profundizar la espiral de la deuda y el riesgo de impago.
Al margen de los juicios ideológicos que nos merezca lo que ha ocurrido en Europa en los últimos 18 meses, lo que no se puede negar es el carácter radicalmente democrático de la decisión de Papandreou. ¿Quién mejor que los ciudadanos griegos para decidir su futuro y no un grupo de jerarcas, políticos y financieros? Y, si dicen que no al rescate, ya saben lo que les espera: una quiebra desordenada y, probablemente, salir del euro. Sólo la historia dirá si la que toman es una decisión acertada. Es lo que tiene la democracia.
Pero éste no es el mejor momento para una medida como la que propone Papandreou, si es que se pueden poner límites de conveniencia a la democracia. Aunque la culpa, por supuesto, no es ni de los griegos ni de su primer ministro. Es del conjunto de los líderes europeos, que quisieron engañar a los mercados presentando hace una semana un documento con tres titulares muy bonitos, pero muy, muy escasos de contenido. Y no ha colado.
Una quiebra desordenada de Grecia, con un fondo de estabilidad (EFSF) operativo y dinero suficiente para evitar el contagio no sería un gran problema para nadie. El EFSF se pondría a comprar bonos italianos y españoles, todos los que hiciera falta, y se atajaría el problema. O con un Banco Central Europeo menos remilgado: por definición, una autoridad como ésta, tiene toda la munición que haga falta para frenar derivas como la de hoy, incluso la de Italia, aunque su mercado de bonos sea el más líquido de Europa.
Por eso, el primer ministro griego podría haber esperado a que el fondo de rescate europeo estuviera dotado con toda su artillería y operativo. Entonces seria menos catastrófica la caída de Grecia. No se llevaría a todo el mundo por delante.
Pero hace poco, un analista, Jordi Padilla, del Popular, decía que una quiebra de Grecia no sería ningún problema si respondiera a los deseos de Europa y no a sus errores. No tengo claro si un referéndum entraría dentro de los segundos.
También hay quien tiene la tentación (o la locura) de pensar que, en realidad, lo de Papandreou es un órdago para mejorar las condiciones del acuerdo con el resto de líderes europeos. El primer ministro griego ha "amenazado" con el impago de su país (sus ciudadanos, según los sondeos, están en contra del rescate) y los bancos europeos se despeñan. Los griegos pueden convertirse en víctimas de una quiebra desordenada de su país, es una posibilidad. Pero las multimillonarias pérdidas de las entidades derivadas de Grecia y sin una red de seguridad para el resto de los países "pobres" de Europa son una realidad.
Quizá, alemanes y franceses le insistan a Papandreou para que renegocie y se aumente la quita (un 50% es insuficiente según muchos analistas). O es posible que su propio partido le haga dimitir (ya lo han hecho algunos compañeros del PASOK y se lo han pedido a su líder) y que su sustituto, quizá tras unas elecciones anticipadas, no haga el referéndum.
Pero la gente está enfadada, muy, muy enfadada. Y probablemente quiera votar.