Italia, España, el BCE, Europa toda: los culpables de hoy
Las Bolsas europeas vuelven al rojo intenso, mientras el euro pierde posiciones respecto al dólar y las primas de riesgo[…]
Las Bolsas europeas vuelven al rojo intenso, mientras el euro pierde posiciones respecto al dólar y las primas de riesgo de las deudas española y, sobre todo, italiana, se amplían con fuerza. En el caso de Italia, el mercado le exige un peligroso interés superior al 6,10% para comprar sus bonos a diez años, es decir, un 4% más que para comprar sus comparables alemanes. El Banco Central Europeo parece estar más pendiente del traspaso de poderes entre Jean-Claude Trichet y Mario Draghi que en poner coto a esta sangría en las deudas públicas periféricas comprando deuda periférica.
El efecto balsámico del acuerdo comunitario ha sido muy fugaz. La cruda realidad se ha impuesto con todos sus rigores en los mercados. Las palabras bonitas, sin hechos, no sirven para nada.
Italia, el tradicional hombre enfermo de Europa, corre el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para el euro, para toda Europa. Su historia nos recuerda demasiado a la de otros países "caídos", en parte, por la irresponsabilidad política. En Portugal, porque, cínicamente, la derecha prefería gobernar con el FMI a prestar su apoyo al Gobierno en la realización de reformas. En Grecia, porque los conservadores engañaron con una deuda que al Ejecutivo de Yorgos Papandreou le estalló en la cara y ahora, además de negarle cualquier apoyo, le piden elecciones anticipadas.
En Italia, al primer ministro Silvio Berlusconi se le ha rebelado un socio de Gobierno, Umberto Bossi, que se ha convertido en un sorprendente defensor de las pensiones y del Estado del Bienestar. Tanto, que no sorprendería que Forza Italia perdiera votos a favor de la Liga Norte incluso en Nápoles. Aunque al final Bossi y Berlusconi llegaron a un acuerdo para acometer varias reformas (laboral, de las pensiones, privatizaciones, liberalización de servicios...), ni Europa ni los inversores se fían, aunque esta misma mañana Silvio Berlusconi se comprometía en una entrevista publicada en "Il Corriere della Sera" a llevar a término las reformas comprometidas. Pero, ayer mismo, el ministro de Trabajo italiano, Maurizio Sacconi, expresaba su temor a que la reforma laboral que su Gobierno pretende aprobar como una de las medidas prometidas a la Unión Europea pueda generar un clima de violencia social que cause incluso muertos.
"Elecciones anticipadas" y creación de un "Gobierno técnico" son expresiones cada vez más frecuentes en los rotativos italianos. Y, aunque, según una encuesta publicada ayer por el diario "l'Unità", el centro-izquierda ganarían unos posibles cercanos comicios, ¿alguien sabe quién es su líder y cuáles son sus ideas para luchar contra la crisis? Los líos en el Gobierno y la desaparecida oposición provocan que la presión contra Italia sea cada vez mayor e, incluso, cada vez más justificada.
Atención, las fechas claves para Italia serán los próximos 9 y 10 de noviembre, cuando el Ejecutivo someterá al escrutinio del Parlamento todo el paquete de reformas. Berlusconi confía en su aprobación.
Contra Italia no juega sólo la política. También, los puros datos económicos. Hoy hemos conocido un aumento en su tasa de paro y cada vez son más las voces que alertan de que recaerá en recesión de manera inminente.
España también es un problema hoy. El Banco de España, tras conocer el viernes que el paro roza los cinco millones de personas, ha adelantado que en el tercer trimestre el PIB no creció, lo que hace que cada vez suenen más fuerte los tambores de la recesión aquí también. Y que, con ello, es prácticamente imposible cumplir los compromisos de déficit. Incluso hay economistas que recomiendan retrasar la reducción del déficit porque, de lo contrario, las penalidades que sufrirá la economía española serán mayores.
Los males que sufren hoy los mercados no son sólo culpa de Italia y de España. También residen en los mandatarios europeos, que han llegado a acuerdos vacíos: el fondo de estabilidad financiera, el EFSF por sus siglas en inglés, no tiene dinero, no se sabe cómo se va a conseguir y tampoco conocemos la fecha en que va a comenzar a funcionar para garantizar la liquidez de ambos países, bien seguro contra el impago, bien como instrumento de inversión. Tampoco está asegurado el papel del Banco Central Europeo como estabilizador del mercado hasta que el EFSF comience a actuar: hoy está fallando.
"El optimismo es cuestión de la voluntad; el pesimismo, de la inteligencia" decía un italiano ilustre, Antonio Gramsci, fundador de "l'Unità". Posiblemente, la semana pasada los inversores cometieron el error de ser excesivamente optimistas respecto a los "no acuerdos" de los líderes europeos. Y parece que hoy está ganando la inteligencia: Europa se está suicidando y, como decía otro escritor, Cesare Pavese, "a quien no se salve por sí solo, nadie lo puede salvar", por lo que no hay que depositar muchas esperanzas en el próximo G-20 que se supone que se va a convertir en una lluvia de dinero para Europa.