Rescates autonómicos, federalismo y recentralización de España

Nunca como ahora las comunidades autónomas han estado tan cuestionadas. Y no por cuestiones ideológicas. O, al menos, no directamente ideológicas.

Nunca como ahora las comunidades autónomas han estado tan cuestionadas. Y no por cuestiones ideológicas. O, al menos, no directamente ideológicas. Quienes abogan por la demolición de este experimento ibérico echan mano de los números y éstos les dan la razón. En principio. Ya son cuatro las comunidades, la última Andalucía, hoy mismo, que han pedido ayuda al Estado central por sus ahogos financieros. Y no serán las últimas. La primera tentación, pues, es echar el cierre a las autonomías y volver a un estado centralista. Ojeando los titulares de la historia de España de al menos los dos últimos siglos, parece la opción menos recomendable. Las comunidades autónomas han sido un éxito histórico que lograron contentar a los centralistas y también a los independentistas. El justo medio aristotélico. Los primeros decían que España se había convertido en el Estado más descentralizado de Europa, prácticamente federal. Los segundos, que Madrid seguía oprimiéndoles. Ninguno de ellos tenía razón. Señal de que se habían hecho las cosas más o menos bien. Porque Madrid no oprime, pero España tampoco es un Estado federal.

Hace unos días, los economistas de Fedea se mostraron partidarios de avanzar hacia el federalismo fiscal para salvar las comunidades autónomas. Alegaban que las comunidades, auténticas instituciones de gasto (ellas son las que soportan la educación y la sanidad, por ejemplo), deberían tener también más capacidad recaudatoria.

Cuando las cosas iban bien, las comunidades se autofinanciaban

Hubo un tiempo en que los ingresos y los gastos de las comunidades autónomas estaban más o menos equilibrados. En 2001, las comunidades ingresaban el equivalente al 11,2% del PIB y sus gastos eran de un 11,8%. En 2006, llegaron al preciado equilibrio: tanto sus gastos como sus ingresos eran equivalentes al 14,6% del PIB. A partir de 2008, se rompió. Ese año ingresaron la cantidad equivalente al 14,4% del PIB, pero gastaron un 16%. Y en 2011 llegó el desastre: ingresaron el equivalente al 12,5% del PIB, pero gastaron el 17,2%. Una horquilla demasiado importante que explica que ahora tengan que pedir rescates, sobre todo teniendo en cuenta sus problemas de acceso a los mercados de financiación.

Los ingresos de 2011 son prácticamente los mismos que los de 2001 (12,5% versus 11,2%). Los gastos han crecido mucho más: desde el 11,8% hasta el 17,2% del PIB. Pero hay que tener en cuenta que en el año 2002 fue cuando se generalizó la transferencia de las competencias de sanidad a las comunidades autónomas.

En el resto del mundo, una situación más equilibrada

En el resto de los países descentralizados de Europa, la situación está mucho más equilibrada. Los lander alemanes gastan el equivalente al 13% del PIB alemán e ingresan un 12,4%. Los austriacos gastan un 9,2% e ingresan un 8,9%. Y los cantones suizos, ingresan y gastan el equivalente al 13% del PIB del país.

¿Significa esto que hay que mermar los ingresos del Estado central para que los cobren las comunidades autónomas? No. Porque los ingresos del Estado central español equivalen al 13,4% del PIB, mientras que sus gastos suponen un 16,4%.

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¿El problema es que las administraciones gastan de más? ¿O es que ingresan de menos? Lo mejor es hacer una comparativa internacional para adivinarlo. Efectivamente, las comunidades autónomas españolas gastan más (17,2% del PIB) que los lander alemanes (13%) o que los cantones suizos (13,2%) e ingresan en línea con ellos (12,5% del PIB), frente al 12,4% de los lander alemanes o al 13% del PIB de los cantones suizos.

Con todo, incluso con unas comunidades autónomas más gastadoras que el resto de entes en los que se han descentralizado otros Estados europeos, España gasta menos que otros países europeos (43,6% del PIB), frente al 45,6% de Alemania, al 49% del Reino Unido o al 55,9% de Francia, estos dos últimos, países centralistas.

Y también los ingresos de España están por debajo del resto de países europeos: 35,1% del PIB, frente al 50,7% de Francia o al 44,7% de Alemania. Esta cifra es incluso inferior a la del Reino Unido (40,8%).

La conclusión que podemos extraer es que España, independientemente de que se mantenga como Estado descentralizado, profundice en esta estructura dando a las autonomías libertad para recaudar sus propios impuestos, es decir, creándose un verdadero Estado federal, o cometa el error de dar un paso atrás y convertirse en un Estado centralista, debe hacer algo, no ya con los gastos, que a la vista de las cifras están bastante controlados, sino en cuanto a los ingresos.

Y un apunte por si España se convierte en un Estado federal. El riesgo de insolidaridad es muy grande. Por eso, el Gobierno central debería crear algún mecanismo de transferencia de rentas entre las comunidades autónomas. Un impuesto de la renta que redistribuya territorialmente la riqueza. Las autonomías, por su parte, tendrían el papel redistribuidor de la riqueza entre las personas.

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